Recuerda que eres sólo un bloguero

quater.jpg

Dicho sea en el sentido más peyorativo que utilizó el gran Casciari: “bloguero, que sos un bloguero…” Cuando alguien pasa por una experiencia como la de este fin de semana, hay que saber agarrarse bien a algo fijo y seguro para que el vendaval, torrente (siempre temporal y efímero) no te arrastre hasta hacerte desaparecer. Desde el comienzo de los premios Bitácoras decidí tomármelo todo con mucha calma, sin grandes ilusiones y, por tanto, sin grandes aspavientos. Estoy (“estaba” quizás debería decir ya) acostumbrado a no ganar nada, en ningún concurso, torneo o sorteo; a, en todo caso, ser segundo quedándome perennemente a las puertas con palmaditas en la espalda de “tenías que haber ganado tú”.

Solo hablé de los premios al principio, con motivo de que nos habían escuchado a la hora de reclamar que existiera una categoría de humor (era una reivindicación del papel del humor que iba más allá de los premios) y no volví a hablar del tema hasta ya cerradas las votaciones, para divertirme con Flapa como creo que en ninguna otra categoría han hecho. Eso me sirvió, además, para asegurarme un buen rato en los premios, pues si ganaba Flapa, la amistad ya conseguida con ellos haría que disfrutara también mucho de ello.

Pero ya en el EBE era imposible no empezar a sentirse nervioso. La gente te para, te desea suerte, te ofrece todo su cariño y, con todo ello y sin quererlo, también su presión. Sin duda es más fácil perder en algo cuando la gente no espera tanto que ganes. El sábado por la tarde intenté echar una minisiesta reparadora en el hall del hotel pero no hacía mas que retorcerme en el sofá. Y cuando comenzaron los premios, al lado de mi hermana y rodeado, por detrás y por delante del resto del equipo del Pito Doble, sí, claro que estaba nervioso (de ese momento es la foto de Belagua que ilustra este post).

Llegó el  momento en que Arturo Paniagua anunció el premio al mejor blog de humor y en ese momento el tiempo se detuvo. Todo permanece ya en mi memoria como un sueño a cámara lenta: los logos y nombres de los tres nominados en la gran pantalla, los calurosos aplausos de toda la sala al decir nuestro nombre (en verdad fue de los más aplaudidos de la tarde), nuestro aplauso al oir el de flapa, en contraste con su propio y divertido auto-abucheo, y el momento en que Raúl Ordóñez dice: “El Pito Doble”.

(Leer completo)

18 de noviembre de 2008  Reflexiones  Comentarios (19)

Nueva vida

Como sabéis los que me conocéis personalmente, e intuís los que habeís leído los últimos textos de este blog, en los últimos meses no he estado lo que se dice muy alegre. Llevo meses intentando salir de esta espiral que solo gira hacia abajo y espero que por fin haya llegado el momento de alzar el vuelo y salir de estas arenas movedizas que te hunden cuanto más te mueves para intentar salir de ellas.

Quiero que hoy/mañana sea el día elegido para dar un golpe en la mesa donde se tambaleen y caigan de ella los derrotismos, las ataduras, los bloqueos y el pesimismo. Hoy culminaré el rito que cierta persona a la que acudí en busca de ayuda me sugirió que debía realizar. Mañana me encontraré de nuevo después de muchos meses con unos ojos que lo fueron todo para mí. Y no quiero que sea causa de dolor. Quiero que sea el comienzo de una Nueva Vida.

Hoy hago mía esta canción de Sergio Dalma, la escucho e intento convertirla en mi tantra, hasta que su sentido cale hondo y me la crea de veras. Empieza mi nueva vida.

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.

No busco un culpable
De lo que pasó,
Aposté mi alma
Y perdí en el amor.
Me quité el anillo
Que ayer nos unió,
Y un puñal helado
Me cruzó el corazón.
Pero la esperanza
Me arrancó tu dolor.
Hoy siento la libertad,
Puedo de nuevo volar,
Empieza mi nueva vida
Hoy puedo andar sobre el mar,
Me siento resucitar,
Empieza mi nueva vida.
Y te digo adiós.
Pobre mariposa
Vas de flor en flor,
Eres como cera
Que se funde ante el sol.
Te deseo suerte,
La que no tuve yo.
Hoy miro el amanecer,
Vuelvo a sentirme con fe,
Empieza mi nueva vida.
Puedo ponerme de pie,
Atrás se queda mi ayer,
Empieza mi nueva vida.
Digo adiós a mi ayer. Hoy te digo adiós.
Digo adiós, vuelvo a ser. Hoy te digo adiós.
La vida me llama y la quiero vivir.
Adiós, adiós, ayer.
Hoy te digo adiós.
Ahora puedo crecer y vivir sin ti.
Ahora puedo volar sin atarme a ti.
Ahora puedo existir y seguir sin ti.
Adiós, adiós, adiós, ayer.

Y gracias a Diego (al que no tengo el gusto de conocer) por su magnífico comentario. Sin duda unos de los más simples, pero a su vez demoledores, efectivos y útiles comentarios.

13 de noviembre de 2008  Reflexiones, Sensaciones  Comentarios (8)

¿Elogio? de la mediocridad

“La mediocridad, posiblemente, consiste en estar delante de la grandeza y no darse cuenta”
Gilbert Keith Chesterton (1874-1936) Escritor británico.

Cuando era bastante más joven el principal miedo que tenía era llegar a ser un mediocre. Era un estudiante ejemplar, de los empollones, y además (me decían) mostraba atisbos de talento y creatividad: “escribes muy bien”, “qué bien dibujas”… Todo el mundo me auguraba un gran futuro en  lo que fuera por lo que me decidiera hacer en la vida. Pero yo siempre tenía el miedo de, a pesar de todo, convertirme en un mediocre. No en un fracasado, a mí lo que me aterraba era ese vasto término medio que es la mediocridad.

Han pasado muchos años y soy el
mediocre
que no
quise ser
soy el mediocre que no quise ser. Mis amigos sé que dirán que no es así,  pero están contaminados por el amor que me tienen y me ven de otra manera. Me dicen “eres intelegiente, eres divertido, eres creativo e inquieto…” pero sólo ven en mí esos sempiternos atisbos de llegar a ser algo que nunca llego a culminar. “Tienes un blog de éxito, eres conocido…” No nos engañemos. No soy una persona exitosa, soy un superviviente pero nada más. No soy un fracasado, lo sé. Pero tampoco soy un triunfador.

Que no se me entienda mal. El miedo a la mediocridad no es un afán de ser famoso, o popular. Es el anhelo de hacer algo grande, de dejar una huella indeleble. No se trata de ser famoso sino de decir he hecho la película que quería hacer, o he escrito el libro que quería escribir o dirijo la pequeña empresa que quería tener, soy un buen profesional en mi trabajo y tengo una carrera profesional estimulante y soy un hombre que aporta a esta sociedad algo más que sueños y deseos: hechos y realidades. Doy un sentido a mi vida, en definitiva.

En mi madurez el miedo a la mediocridad ha dejado de ser un miedo para ser una mera resignación y aceptación de la realidad, de algo, no que puede ocurrir, sino que ha ocurrido ya. Entonces otros miedos saltan a la palestra, y pasa a liderarlos como mi principal miedo el de quedarme solo.

El temor de terminar mis días solo, sin hijos y sin nadie a mi lado envejeciendo conmigo, siendo visitado únicamente por sobrinos espejo de la familia que nunca tuve es el mal sueño recurrente que sustituye al de la mediocridad. O tal vez todo sea lo mismo, y ese miedo a la soledad no sea más que en realidad el miedo a ser un mediocre también en mi propia vida personal, sentimental y familiar sin nada importante que legar.

Todo son fantasmas que desde la adolescencia  se van forjando y a veces se ponen de acuerdo para acudir todos juntos a por ti. Y tú corres buscando una pastilla amarilla que los vuelva azules y cambie las tornas para perseguirlos tú, pero no la encuentras.

Me lo ha dicho tanta gente que debe ser verdad que Dios me dio talento cuando nací. Pero no me dio un manual de cómo usarlo y por eso no consigo evitar ser lo que siempre temí: el eterno aprendiz de todo y maestro de nada, el que tiene un fuego creativo en su interior que no es capaz de canalizar correctamente dejando que abrase sin embargo todas mis expectativas.

Perdonad a los que habéis llegado aquí por soltar toda esta perorata. Pero ser mediocre y (supuestamente) con talento es lo que tiene: que lo hace estallar en  forma de toda esta mierda.

10 de octubre de 2008  Reflexiones, Sensaciones  Comentarios (15)

Mi(s) tío(s)

 sombrero.jpg

Hoy he recibido una triste noticia. Me ha llamado mi madre para decirme que mi tío Pepe (su hermano) había fallecido. Ayer ya me avisó con otra llamada: “el tito se está muriendo” y entonces supe que mi tío no volvería a mirarme con sus enormes ojos claros nunca más, como hizo por última vez hace 7 meses en la boda de su nieta.

Tíos y tías (contando a los consortes) he tenido 12. De los cuales aún viven ya solo 4. Pero en mi fuero interno yo siempre he sentido que tenía 2 tíos: mi tío Peté y mi tío Pepe. Si oía de boca de mis padres o mis hermanos la palabra “tito” pensaba en uno de ellos dos, quizás los más cercanos a mí, los que, por circunstancias, he visto con más frecuencia y he tratado más y, por tanto, a los que más cariño he tenido. De igual manera que, si oía o pensaba en la palabra “primos” los que primero me venían a la cabeza eran los hijos de uno y de otro, y el resto de primos me parecían más “desconocidos” o lejanos.

(Leer completo)

26 de junio de 2008  Recuerdos  Comentarios (0)

El hombre que no sabía twittear

Estaba solo. Más solo que la una. Tenía muchos amigos (virtuales y reales) y estaba solo. En la pantalla de su ordenador varias ventanas con distintas redes sociales: Twiiter, Plurk, el chat, los blogs…

Escribía posts en su blog y amigos y desconocidos le dejaban comentarios. Leía una cantidad ingente de posts de otros blogs y también, a veces, él dejaba algún comentario en ellos. Y se seguía sintiendo solo.

Recibía correos electrónicos, los contestaba, participaba en hilos y discusiones y se sentía solo. Entonces abría el chat, siempre había un par de amigos con los que charlaba, les contaba cómo estaba, bromeaba y reía. Y seguía sintiéndose solo.

Tenía cuenta en Facebook, en Plurk, en Twitter y se leía las (a menudo) estupideces y vanalidades de gente a la que ni conocía ni le importaba para no sentirse solo, les hablaba con alguna twitada, algunos le contestaban, otros no. “Twitter es genial para relacionarse y hasta para conocer gente”, decían. Quedaba con gente, iba a reuniones o quedadas y se lo pasaba francamente bien. Pero luego, se sentía solo.

Algo debía estar haciendo mal. Con lo corto que se supone que es decir “me siento solo” y sin embargo 140 caracteres no le parecían suficientes para ello.

12 de junio de 2008  Sensaciones  Comentarios (5)
+ antiguos »