Érase una vez…

Érase una vez un buen estudiante. Era estudioso, deportista y tenía una motocicleta con su pegatina. El estudiante se levantaba de madrugada, estudiaba a fondo e iba al instituto para las clases. Exámenes, apuntes, problemas, deportes, salidas para ver a la novia y así toda la mañana. Por la tarde estudiaba y salía a tomarse algún cubata con sus amigos, gente como él…

Érase una vez un joven corredor de bolsa. Era alto, guapo y tenía un maletín negro reluciente con sus iniciales grabadas. El joven corredor de bolsa, se levantaba temprano cada mañana y acudía a Wall Street para comenzar su trabajo. Venda, compre, vuelva a vender, espere un momento, compre otra vez, y así todo el día. El joven corredor de bolsa empezaba a ser importante, y se sentía subir entre sus compañeros, gente como él…gente como él…


Érase una vez un rico empresario. Era orondo, simpático y tenía un chalé magnífico que llevaba su nombre. El buen empresario se levantaba a media mañana, visitaba la fábrica y se encerraba en su despacho. Reuniones, consejos, despidos, contratos, guiños a la secretaria y así toda la semana. El domingo jugaba al golf, cenaba siempre en restaurantes, compraba joyas a su esposa y conocía a gente importante, gente como él…

Érase una vez un pobre viejo. Era andrajoso y desaseado y no tenía más que una gabardina de otro. El pobre viejo se levantaba por la tarde, pedía en una esquina y luego se compraba una botella. Periódicos viejos, lágrimas y recuerdos pesan en su interior, y así toda la vida. Aquella moto que tuvo de niño, aquel maletín con que empezó, aquel chalé millonario que construyó… Al lado le piden la botella. Son otros vagabundos, son gente como él…

Érase una vez un buen estudiante…

2 de diciembre de 2006  Cuentos