Venid y acercaros…

VENID, Y ACERCAROS todos. Venid y acercaros al fuego, porque hoy os voy a contar qué es el Amor. Venid, y dejad todos vuestros corazones en un cuenco de barro adornado. Venid, que hoy hablaremos de lo más preciado que posee el hombre.

¿Sabéis que ese fuego que crepita a vuestro lado puede albergarse dentro de un hombre? ¿Sabéis que puede arder el corazón como este leño que ahora remuevo? No, claro que no, dulces niños, vosotros no sabéis nada de esto. Pero es así, sí, y lo viviréis…tú también, pequeño. No, no tengas miedo, nadie te va a quemar vivo, al menos, sin tu consentimiento. Acércate a la chimenea, dulce ángel, y deja que tus rizos se doren a las ascuas.

¿Qué sentís cuando jugáis? ¿Alegría? Bien… ¿Ilusión? Sí, también está bien… ¿Cansancio? ¡Muy bien, pequeño! ¿Y que sentís ahora, al lado de la chimenea? ¿Calor? Claro que sí, y bastante… ¿Acogimiento? ¡Uy!, tú debes ser el intelectual del grupo… ¿Comodidad? Eso está mejor, sí… ¿Agobio? ¡Ah, pequeñín!, tenías que ser tú de nuevo, no te acerques tanto al fuego o te quemarás las orejas.

Pues cuando conozcáis al Amor será así: como jugar y estar al lado del fuego a la vez. ¡No. no, pequeñín! No he dicho que puedas jugar aquí al lado de la chimenea, podría ser peligroso… ¡Ay, pequeño diablo! ¿Cómo haces para hacerme decir tantas cosas con sentido?

Al Amor iréis como a un juego… sí, vosotros también. Y cuando estéis allí os sentiréis cálidos y… acogidos – ¿dónde está el intelectual?- por un mismo manto. Sí, e igual que tú te apartas ahora, también del Amor os apartaréis porque os queme demasiado… pero mira como vuelves… enseguida tuviste frío, ¿verdad? Así os pasará, os lo aseguro. Y algunos no os acercaréis mucho, porque le tendréis miedo… como tú, ¿no es cierto que le temes a la chimenea?

Pero no temáis, mis criaturillas, que el Amor
es
bueno, aunque
os haga sufrir
el Amor es bueno, aunque os haga sufrir. ¡No! No os pongáis tristes. ¿Acaso creíais que todo iba a ser fácil? Sí, ya sé que lo creíais, pero el Amor exige, y algún día lo comprenderéis.

Otros estaréis siempre demasiado cerca… como tú, pequeñín, que has prendido tu pantalón sin darte cuenta… ¡Basta, basta! ¡Niños, dejad ahora las risas! Vuestro hermanito podía haberse quemado y eso no es cosa de risa.

Y tú no estés triste, pequeñín, que estás predestinado a sentarte en el mismo fuego del Amor y, si acaso, consumirte con él. No te preocupes si los demás se ríen de ti, que por esta noche sé que serás grande en el misterio que hoy os he explicado.

¡Hala! Iros a la cama, mis pequeños, y sobre todo tú, mi pequeñín, que desde hoy tienes mucho que soñar y todas las noches se te quedarán cortas para ello.

Dormid ya, que ahora iré yo, pero antes dejadme disfrutar un poco a mí de este fuego, que hace años que los juegos ya no son para mí, pero no el fuego que aún crepita en la chimenea.

Cierra los ojos, pequeñín. Que tu fuego vendrá más hermoso aún que el mío.

Cierra los ojos, pequeñín.

14 de febrero de 2007  Cuentos, Reflexiones