El hombre que no sabía twittear

Estaba solo. Más solo que la una. Tenía muchos amigos (virtuales y reales) y estaba solo. En la pantalla de su ordenador varias ventanas con distintas redes sociales: Twiiter, Plurk, el chat, los blogs…

Escribía posts en su blog y amigos y desconocidos le dejaban comentarios. Leía una cantidad ingente de posts de otros blogs y también, a veces, él dejaba algún comentario en ellos. Y se seguía sintiendo solo.

Recibía correos electrónicos, los contestaba, participaba en hilos y discusiones y se sentía solo. Entonces abría el chat, siempre había un par de amigos con los que charlaba, les contaba cómo estaba, bromeaba y reía. Y seguía sintiéndose solo.

Tenía cuenta en Facebook, en Plurk, en Twitter y se leía las (a menudo) estupideces y vanalidades de gente a la que ni conocía ni le importaba para no sentirse solo, les hablaba con alguna twitada, algunos le contestaban, otros no. “Twitter es genial para relacionarse y hasta para conocer gente”, decían. Quedaba con gente, iba a reuniones o quedadas y se lo pasaba francamente bien. Pero luego, se sentía solo.

Algo debía estar haciendo mal. Con lo corto que se supone que es decir “me siento solo” y sin embargo 140 caracteres no le parecían suficientes para ello.

12 de junio de 2008  Sensaciones