¿Elogio? de la mediocridad

“La mediocridad, posiblemente, consiste en estar delante de la grandeza y no darse cuenta”
Gilbert Keith Chesterton (1874-1936) Escritor británico.

Cuando era bastante más joven el principal miedo que tenía era llegar a ser un mediocre. Era un estudiante ejemplar, de los empollones, y además (me decían) mostraba atisbos de talento y creatividad: “escribes muy bien”, “qué bien dibujas”… Todo el mundo me auguraba un gran futuro en  lo que fuera por lo que me decidiera hacer en la vida. Pero yo siempre tenía el miedo de, a pesar de todo, convertirme en un mediocre. No en un fracasado, a mí lo que me aterraba era ese vasto término medio que es la mediocridad.

Han pasado muchos años y soy el
mediocre
que no
quise ser
soy el mediocre que no quise ser. Mis amigos sé que dirán que no es así,  pero están contaminados por el amor que me tienen y me ven de otra manera. Me dicen “eres intelegiente, eres divertido, eres creativo e inquieto…” pero sólo ven en mí esos sempiternos atisbos de llegar a ser algo que nunca llego a culminar. “Tienes un blog de éxito, eres conocido…” No nos engañemos. No soy una persona exitosa, soy un superviviente pero nada más. No soy un fracasado, lo sé. Pero tampoco soy un triunfador.

Que no se me entienda mal. El miedo a la mediocridad no es un afán de ser famoso, o popular. Es el anhelo de hacer algo grande, de dejar una huella indeleble. No se trata de ser famoso sino de decir he hecho la película que quería hacer, o he escrito el libro que quería escribir o dirijo la pequeña empresa que quería tener, soy un buen profesional en mi trabajo y tengo una carrera profesional estimulante y soy un hombre que aporta a esta sociedad algo más que sueños y deseos: hechos y realidades. Doy un sentido a mi vida, en definitiva.

En mi madurez el miedo a la mediocridad ha dejado de ser un miedo para ser una mera resignación y aceptación de la realidad, de algo, no que puede ocurrir, sino que ha ocurrido ya. Entonces otros miedos saltan a la palestra, y pasa a liderarlos como mi principal miedo el de quedarme solo.

El temor de terminar mis días solo, sin hijos y sin nadie a mi lado envejeciendo conmigo, siendo visitado únicamente por sobrinos espejo de la familia que nunca tuve es el mal sueño recurrente que sustituye al de la mediocridad. O tal vez todo sea lo mismo, y ese miedo a la soledad no sea más que en realidad el miedo a ser un mediocre también en mi propia vida personal, sentimental y familiar sin nada importante que legar.

Todo son fantasmas que desde la adolescencia  se van forjando y a veces se ponen de acuerdo para acudir todos juntos a por ti. Y tú corres buscando una pastilla amarilla que los vuelva azules y cambie las tornas para perseguirlos tú, pero no la encuentras.

Me lo ha dicho tanta gente que debe ser verdad que Dios me dio talento cuando nací. Pero no me dio un manual de cómo usarlo y por eso no consigo evitar ser lo que siempre temí: el eterno aprendiz de todo y maestro de nada, el que tiene un fuego creativo en su interior que no es capaz de canalizar correctamente dejando que abrase sin embargo todas mis expectativas.

Perdonad a los que habéis llegado aquí por soltar toda esta perorata. Pero ser mediocre y (supuestamente) con talento es lo que tiene: que lo hace estallar en  forma de toda esta mierda.

10 de octubre de 2008  Reflexiones, Sensaciones