El nacimiento de Jesús
Era avanzada la tarde y llevaban ya muchas horas de camino, José guiaba a la mula bajo un cielo despejado que empezaba tímidamente a cargarse de estrellas parpadeantes. María medio dormitaba a lomos de la mula entrecortando su rostro sereno con periódicos gestos de dolor que contraía de vez en cuando sus entrañas. Belén se divisaba a pocas millas en el camino y José recorrió ese corto trayecto sumido en miles de pensamientos dispares que surcaban su cabeza y su alma.
