Nueva vida

Como sabéis los que me conocéis personalmente, e intuís los que habeís leído los últimos textos de este blog, en los últimos meses no he estado lo que se dice muy alegre. Llevo meses intentando salir de esta espiral que solo gira hacia abajo y espero que por fin haya llegado el momento de alzar el vuelo y salir de estas arenas movedizas que te hunden cuanto más te mueves para intentar salir de ellas.

Quiero que hoy/mañana sea el día elegido para dar un golpe en la mesa donde se tambaleen y caigan de ella los derrotismos, las ataduras, los bloqueos y el pesimismo. Hoy culminaré el rito que cierta persona a la que acudí en busca de ayuda me sugirió que debía realizar. Mañana me encontraré de nuevo después de muchos meses con unos ojos que lo fueron todo para mí. Y no quiero que sea causa de dolor. Quiero que sea el comienzo de una Nueva Vida.

Hoy hago mía esta canción de Sergio Dalma, la escucho e intento convertirla en mi tantra, hasta que su sentido cale hondo y me la crea de veras. Empieza mi nueva vida.

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No busco un culpable
De lo que pasó,
Aposté mi alma
Y perdí en el amor.
Me quité el anillo
Que ayer nos unió,
Y un puñal helado
Me cruzó el corazón.
Pero la esperanza
Me arrancó tu dolor.
Hoy siento la libertad,
Puedo de nuevo volar,
Empieza mi nueva vida
Hoy puedo andar sobre el mar,
Me siento resucitar,
Empieza mi nueva vida.
Y te digo adiós.
Pobre mariposa
Vas de flor en flor,
Eres como cera
Que se funde ante el sol.
Te deseo suerte,
La que no tuve yo.
Hoy miro el amanecer,
Vuelvo a sentirme con fe,
Empieza mi nueva vida.
Puedo ponerme de pie,
Atrás se queda mi ayer,
Empieza mi nueva vida.
Digo adiós a mi ayer. Hoy te digo adiós.
Digo adiós, vuelvo a ser. Hoy te digo adiós.
La vida me llama y la quiero vivir.
Adiós, adiós, ayer.
Hoy te digo adiós.
Ahora puedo crecer y vivir sin ti.
Ahora puedo volar sin atarme a ti.
Ahora puedo existir y seguir sin ti.
Adiós, adiós, adiós, ayer.

Y gracias a Diego (al que no tengo el gusto de conocer) por su magnífico comentario. Sin duda unos de los más simples, pero a su vez demoledores, efectivos y útiles comentarios.

13 / Noviembre / 2008  Reflexiones, Sensaciones  Comentarios (6)

¿Elogio? de la mediocridad

“La mediocridad, posiblemente, consiste en estar delante de la grandeza y no darse cuenta”
Gilbert Keith Chesterton (1874-1936) Escritor británico.

Cuando era bastante más joven el principal miedo que tenía era llegar a ser un mediocre. Era un estudiante ejemplar, de los empollones, y además (me decían) mostraba atisbos de talento y creatividad: “escribes muy bien”, “qué bien dibujas”… Todo el mundo me auguraba un gran futuro en  lo que fuera por lo que me decidiera hacer en la vida. Pero yo siempre tenía el miedo de, a pesar de todo, convertirme en un mediocre. No en un fracasado, a mí lo que me aterraba era ese vasto término medio que es la mediocridad.

Han pasado muchos años y soy el
mediocre
que no
quise ser
soy el mediocre que no quise ser. Mis amigos sé que dirán que no es así,  pero están contaminados por el amor que me tienen y me ven de otra manera. Me dicen “eres intelegiente, eres divertido, eres creativo e inquieto…” pero sólo ven en mí esos sempiternos atisbos de llegar a ser algo que nunca llego a culminar. “Tienes un blog de éxito, eres conocido…” No nos engañemos. No soy una persona exitosa, soy un superviviente pero nada más. No soy un fracasado, lo sé. Pero tampoco soy un triunfador.

Que no se me entienda mal. El miedo a la mediocridad no es un afán de ser famoso, o popular. Es el anhelo de hacer algo grande, de dejar una huella indeleble. No se trata de ser famoso sino de decir he hecho la película que quería hacer, o he escrito el libro que quería escribir o dirijo la pequeña empresa que quería tener, soy un buen profesional en mi trabajo y tengo una carrera profesional estimulante y soy un hombre que aporta a esta sociedad algo más que sueños y deseos: hechos y realidades. Doy un sentido a mi vida, en definitiva.

En mi madurez el miedo a la mediocridad ha dejado de ser un miedo para ser una mera resignación y aceptación de la realidad, de algo, no que puede ocurrir, sino que ha ocurrido ya. Entonces otros miedos saltan a la palestra, y pasa a liderarlos como mi principal miedo el de quedarme solo.

El temor de terminar mis días solo, sin hijos y sin nadie a mi lado envejeciendo conmigo, siendo visitado únicamente por sobrinos espejo de la familia que nunca tuve es el mal sueño recurrente que sustituye al de la mediocridad. O tal vez todo sea lo mismo, y ese miedo a la soledad no sea más que en realidad el miedo a ser un mediocre también en mi propia vida personal, sentimental y familiar sin nada importante que legar.

Todo son fantasmas que desde la adolescencia  se van forjando y a veces se ponen de acuerdo para acudir todos juntos a por ti. Y tú corres buscando una pastilla amarilla que los vuelva azules y cambie las tornas para perseguirlos tú, pero no la encuentras.

Me lo ha dicho tanta gente que debe ser verdad que Dios me dio talento cuando nací. Pero no me dio un manual de cómo usarlo y por eso no consigo evitar ser lo que siempre temí: el eterno aprendiz de todo y maestro de nada, el que tiene un fuego creativo en su interior que no es capaz de canalizar correctamente dejando que abrase sin embargo todas mis expectativas.

Perdonad a los que habéis llegado aquí por soltar toda esta perorata. Pero ser mediocre y (supuestamente) con talento es lo que tiene: que lo hace estallar en  forma de toda esta mierda.

10 / Octubre / 2008  Reflexiones, Sensaciones  Comentarios (15)

El hombre que no sabía twittear

Estaba solo. Más solo que la una. Tenía muchos amigos (virtuales y reales) y estaba solo. En la pantalla de su ordenador varias ventanas con distintas redes sociales: Twiiter, Plurk, el chat, los blogs…

Escribía posts en su blog y amigos y desconocidos le dejaban comentarios. Leía una cantidad ingente de posts de otros blogs y también, a veces, él dejaba algún comentario en ellos. Y se seguía sintiendo solo.

Recibía correos electrónicos, los contestaba, participaba en hilos y discusiones y se sentía solo. Entonces abría el chat, siempre había un par de amigos con los que charlaba, les contaba cómo estaba, bromeaba y reía. Y seguía sintiéndose solo.

Tenía cuenta en Facebook, en Plurk, en Twitter y se leía las (a menudo) estupideces y vanalidades de gente a la que ni conocía ni le importaba para no sentirse solo, les hablaba con alguna twitada, algunos le contestaban, otros no. “Twitter es genial para relacionarse y hasta para conocer gente”, decían. Quedaba con gente, iba a reuniones o quedadas y se lo pasaba francamente bien. Pero luego, se sentía solo.

Algo debía estar haciendo mal. Con lo corto que se supone que es decir “me siento solo” y sin embargo 140 caracteres no le parecían suficientes para ello.

12 / Junio / 2008  Sensaciones  Comentarios (5)

Poemas para una despedida

No creo que este blog vea más entradas. Nunca ha tenido muchos lectores, pero a los pocos que sí que lo leéis no puedo engañaros con la falsa esperanza de que algún día al abrir vuestro lector de feeds os vayáis a encontrar un nuevo texto aquí.

Tampoco pensé en ningún momento publicar en este blog poemas que he escrito (no obstante están todos en internet, en otra página y firmados con mi nombre real) pero hoy quiero
despedir
este blog
hoy quiero despedir este blog con tres poemas, escritos en distintas épocas pero que bien podían haberse escrito en este instante.

Hoy me he encontrado con que de nuevo ha llegado la primavera al calendario, aunque no a mi vida, aún inmersa en un gélido invierno. Y he pensado en el primero de los poemas. Curiosamente se titula “San Nicolás” (fue escrito en el mirador albayzinero de dicho nombre) y mirando hoy mi calendario de mesa me encuentro con que es precisamente San Nicolás. Qué cachondo el destino con sus dementes coincidencias…

La no-primavera se traduce en una alegría perdida, por lo que he rescatado también ese poema tan antiguo, pero tan actual, llamado precisamente así. Y todo ello no ha hecho sino traerme a la memoria la exactitud profética de lo que ya escribiera hace unos años en dos poemas, de lo que habría que ocurrir y así ha sido.

Tapamos los textos de este blog con una sábana para que no cojan polvo. Cerramos el gas. Apagamos la luz. Y echamos la llave…

(más…)

21 / Marzo / 2007  Sensaciones  Comentarios (12)

El mar en mi cabeza

Cierro los ojos y oigo el mar. Oigo las olas rompiendo en mi cabeza. Con violencia, erosionando las rocas que eran mis sueños y mis proyectos. El agua se filtra a través de ellos y afloran por mi rostro en forma de lágrimas. Lagrimas saladas, de agua salada.

Cierro los ojos y huelo el mar. Con ese aroma a salitre que quema la nariz y la garganta cuando tragas agua. Ese olor a melancolía, a viejos veranos de cuando eras niño y a piedras mojadas.. El olor de la pérdida y la añoranza por lo que ya no volverá.

El mar está en mi cabeza. Golpeándome. Empapándome. En mi cabeza también hay un viejo marinero, sentado en el suelo y zurciendo redes. Me mira y me dice: “Muchacho, el mar está en tu cabeza”. Tiene razón. El marinero ya no está. Todo es mar en mi cabeza.

Y mientras los sueños se ahogan, las ilusiones naufragan y los anhelos se sumergen, busco con la mirada un horizonte que no encuentro. Siento en mi cara las gotas de las olas al romper contra la esperanza.

Todo es mar en mi cabeza.

7 / Febrero / 2007  Sensaciones  Comentarios (2)